· Noticias
Entrar

Adiós al mito de la "sangre dulce": la ciencia ya sabe por qué los mosquitos te acribillan a ti y no al de al lado

El verano trae consigo no solo días más largos y temperaturas altas, sino también a uno de los invitados más molestos: los mosquitos. Y aunque todos los sufrimos, hay algo que siempre ha intrigado a más de uno: ¿por qué en una misma habitación, con las mismas condiciones, una persona amanece llena de picaduras y otra ni se entera? Durante años, la explicación popular apuntaba a la "sangre dulce" o al grupo sanguíneo como responsables. Pero la ciencia ha desmontado estos mitos con respuestas mucho más precisas y, sobre todo, basadas en evidencia.

La clave está en nuestra piel. Un estudio pionero publicado en la revista Cell en 2022 reveló que los mosquitos, especialmente especies como el Aedes aegypti, se sienten atraídos por compuestos químicos específicos que emitimos a través del sudor y las glándulas sebáceas. En concreto, las personas más propensas a las picaduras producen mayores cantidades de ácidos carboxílicos, unas moléculas que actúan como un imán para estos insectos. Lo más sorprendente es que esta "firma olfativa" es estable a lo largo del tiempo: si hoy eres el blanco favorito de los mosquitos, es muy probable que lo sigas siendo en el futuro. No es casualidad, sino química pura.

Cómo nos eligen los mosquitos

El proceso de selección de sus víctimas no es aleatorio, sino un mecanismo biológico altamente especializado. Los mosquitos no nos detectan de inmediato: primero, captan el dióxido de carbono que exhalamos al respirar y el calor corporal, señales que les indican que hay una posible fuente de alimento cerca. Una vez en nuestro entorno, entran en juego los ácidos carboxílicos de la piel, que actúan como el factor decisivo para que el insecto se pose y pique. Así lo confirmó un estudio posterior, publicado en PLOS Neglected Tropical Diseases, que demostró que los receptores olfativos de los mosquitos están diseñados para identificar estos compuestos con una precisión asombrosa.

Pero el olor no lo es todo. Factores como el embarazo, el consumo de alcohol o incluso la actividad física reciente pueden aumentar temporalmente nuestra atractivo para estos insectos. Por ejemplo, las mujeres embarazadas suelen exhalar más dióxido de carbono y tener una temperatura corporal ligeramente más alta, lo que las convierte en objetivos más visibles. También influyen aspectos como la microbiota de la piel o el uso de ciertos productos cosméticos, que pueden alterar nuestra firma química natural. Eso sí, aunque el grupo sanguíneo ha sido durante años el chivo expiatorio favorito, los estudios más recientes lo descartan como factor determinante.

Qué significa para tu negocio

Si tienes una pyme en sectores como la construcción, reformas, inmobiliarias o servicios técnicos, esta información no es solo una curiosidad veraniega: puede ser clave para mejorar el bienestar de tu equipo y, por tanto, su productividad. Imagina a un operario trabajando en una obra al aire libre, expuesto a picaduras que le causan molestias e incluso infecciones. O a un agente inmobiliario que, tras una visita a una propiedad con humedad, amanece con el cuerpo lleno de ronchas. Conocer los factores que atraen a los mosquitos te permite tomar medidas prácticas: desde recomendar a tus empleados el uso de repelentes con ingredientes activos como el DEET o la icaridina —que bloquean la detección de los ácidos carboxílicos—, hasta instalar mosquiteras en oficinas o vehículos de trabajo. También puedes informar a tus clientes sobre cómo proteger sus espacios, añadiendo valor a tus servicios. Porque, al final, prevenir las picaduras no es solo cuestión de comodidad, sino de salud y eficiencia.

Fuente original: Xataka

Conversación

Sé el primero en comentar.

Habla con LaiaDesk Más noticias

Newsletter

La IA de tu sector, en tu bandeja

Sin humo y sin spam. Te enviamos solo el análisis que de verdad mueve tu negocio. Cancela cuando quieras, en un clic.

Doble confirmación por correo (RGPD). Nunca compartimos tu dirección.