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Alemania pide un mayor poder de decisión para los Estados miembros en la futura certificación europea de ciberseguridad

La Unión Europea avanza en la reforma de su normativa de ciberseguridad, conocida como Cybersecurity Act 2 (CSA2), pero el camino no está exento de tensiones. Alemania ha alzado la voz para reclamar un papel más destacado de los Estados miembros en la definición de los estándares de seguridad que regirán en el bloque. Según documentos internos, el Gobierno alemán argumenta que, al tratarse de un ámbito crítico para la seguridad nacional, los países deben tener mayor peso en la toma de decisiones, especialmente cuando estas afectan a la evolución de las amenazas digitales o a la adaptación de las tecnologías.

La propuesta alemana no se limita a una mera declaración de intenciones. Berlín plantea cambios concretos en el procedimiento legislativo, sugiriendo que la Comisión Europea utilice actos de ejecución en lugar de actos delegados para modificar los objetivos de ciberseguridad. La diferencia es clave: los primeros exigen la participación formal de los Estados antes de aprobar cualquier medida, mientras que los segundos otorgan más autonomía a Bruselas. Además, Alemania aboga por alinear la CSA2 con el Nuevo Marco Legislativo europeo, que ya regula la certificación de productos en la UE, evitando así duplicidades y simplificando los trámites para las empresas.

Un debate con múltiples actores

La postura alemana no es aislada. Otros veinte Estados miembros, entre ellos España, Eslovaquia y Bélgica, han expresado en los últimos meses su deseo de reforzar el control nacional sobre los procesos de certificación. El Consejo de la UE ha respaldado, en líneas generales, la necesidad de simplificar el marco regulatorio, pero siempre garantizando que los países mantengan una voz activa en decisiones que puedan impactar en su soberanía digital. Este equilibrio entre armonización europea y autonomía nacional es, precisamente, uno de los puntos más delicados de la negociación.

El debate también tiene un fuerte componente económico. La CSA2 incluye medidas controvertidas, como la retirada progresiva de equipos de proveedores considerados de "alto riesgo" en un plazo de tres años. Según estimaciones de la industria, esta medida podría suponer un coste de entre 30.000 y 40.000 millones de euros para las empresas de telecomunicaciones europeas, además de posibles efectos en la competencia y los precios. Para las pymes, especialmente aquellas que dependen de infraestructuras críticas o trabajan con datos sensibles, el impacto podría ser aún más directo, ya que la adaptación a nuevos estándares de seguridad podría requerir inversiones adicionales en tecnología y formación.

Qué significa para tu negocio

Si tu empresa opera en sectores como la construcción, las reformas, la inmobiliaria o los servicios técnicos, es probable que esta reforma te afecte más de lo que parece. Aunque la CSA2 está pensada para grandes infraestructuras y proveedores de servicios digitales, sus efectos se extenderán a toda la cadena de suministro. Por ejemplo, si trabajas con sistemas de domótica, gestión de edificios inteligentes o plataformas de gestión de proyectos, es posible que en los próximos años debas certificar que cumples con los nuevos estándares europeos. La clave está en anticiparse: revisa qué equipos y software utilizas, identifica posibles riesgos y evalúa si necesitarás actualizarlos para cumplir con la normativa. Además, si tu negocio depende de proveedores externos, asegúrate de que estos también se alineen con los requisitos de seguridad. La IA de LaiaDesk puede ayudarte a monitorizar estos cambios y adaptar tus procesos de forma proactiva, evitando sorpresas y costes innecesarios.

Fuente original: El Confidencial Tecnología

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