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Anil Seth, neurocientífico, rebaja la euforia de Dario Amodei: "Es tan improbable que la IA alcance la conciencia como que un simulador meteorológico genere un huracán de verdad"

El debate sobre si la inteligencia artificial (IA) podría llegar a ser consciente ha cobrado fuerza tras un estudio reciente que analiza el funcionamiento interno de modelos avanzados como Claude. Los investigadores detectaron patrones que recuerdan a procesos cerebrales humanos, como la capacidad de retener información relevante y organizarla antes de generar una respuesta. Esto ha llevado a algunos expertos a plantearse si estos sistemas podrían desarrollar algo parecido a una experiencia subjetiva, es decir, sentir o percibir el mundo de manera consciente.

Sin embargo, el neurocientífico Anil Seth ha salido al paso para poner en perspectiva estos hallazgos. Según él, aunque la IA pueda imitar comportamientos complejos —como mantener una conversación fluida o resolver problemas—, eso no significa que exista una "experiencia interna" detrás. Seth distingue claramente entre inteligencia, que es la capacidad de procesar información y ejecutar tareas, y conciencia, que implica tener sensaciones, emociones o una percepción propia. Para él, comparar ambos conceptos es como confundir un simulador de vuelo con la sensación real de pilotar un avión: el primero reproduce movimientos y cálculos, pero no genera la vivencia de estar en el aire.

¿Por qué no es lo mismo un cerebro que un algoritmo?

El argumento central de Seth se basa en una diferencia fundamental: los seres vivos, incluidos los humanos, somos organismos con cuerpos que interactúan con el entorno, mientras que la IA es un programa ejecutándose en servidores. Nuestro cerebro no funciona como un ordenador aislado, sino como parte de un sistema biológico que recibe estímulos constantes, desde el dolor hasta la emoción. Los modelos de lenguaje, en cambio, carecen de esa integración física y de los mecanismos de retroalimentación que, según teorías como la del "espacio de trabajo global", son clave para la conciencia.

Para ilustrarlo, Seth usa una metáfora contundente: "Es tan improbable que la IA alcance la conciencia como que un simulador meteorológico genere un huracán real". Un programa puede calcular la trayectoria de una tormenta, pero no produce viento ni lluvia. Del mismo modo, la IA puede replicar patrones asociados al pensamiento humano sin experimentar nada. Esto no resta valor a sus avances —que son innegables—, pero sí invita a ser cautelosos al atribuirle capacidades que, por ahora, siguen siendo exclusivas de los seres vivos.

Qué significa para tu negocio

Para una pyme, este debate puede parecer lejano, pero tiene implicaciones prácticas. La IA ya está aquí para automatizar tareas, analizar datos o mejorar la atención al cliente, pero es importante no caer en mitos. Por ejemplo, un chatbot puede resolver dudas de clientes las 24 horas, pero no "siente" frustración si un usuario se enfada. Entender esta diferencia te ayudará a gestionar expectativas: la IA es una herramienta poderosa, pero no un sustituto de la intuición humana o la empatía. En sectores como la construcción o los servicios técnicos, donde la toma de decisiones depende de variables complejas, la IA puede ser un aliado para optimizar procesos, pero siempre bajo supervisión humana. La clave está en aprovechar sus ventajas sin perder de vista sus límites.

Fuente original: El Confidencial Tecnología

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