Canarias tiene una patata caliente entre manos. Una gigantesca estatua franquista que ni Franco quiso
En Santa Cruz de Tenerife, un monumento de diez metros de altura sigue en pie a pesar de que la ley obliga a su retirada. Se trata de una escultura de bronce y piedra, creada en 1966 por Juan de Ávalos, que representa a un ángel alado con un guiño al avión que trasladó a Franco desde Canarias para iniciar el golpe de Estado de 1936. Ubicado junto al Fuerte de Almeyda, este símbolo franquista ha generado un intenso debate: el Gobierno central ha dado un ultimátum de seis meses para su eliminación, pero el Ayuntamiento de la ciudad se resiste, proponiendo en su lugar una "resignificación" del monumento.
La polémica no es nueva. El Consejo de Patrimonio Cultural de Canarias ya rechazó declararlo Bien de Interés Cultural (BIC), argumentando que su único propósito fue la exaltación del régimen franquista. Sin embargo, el alcalde de Santa Cruz insiste en buscar alternativas, como rebautizarlo como "Monumento a la Concordia". Mientras, historiadores como Ángel Viñas señalan que la obra es un claro símbolo de la insurrección militar, y el historietista Paco Roca ha defendido su conservación, pero siempre con un contexto histórico que explique su significado real. Lo curioso es que, según documentos recientes, el propio Franco rechazó la idea del monumento, considerando que ya había recibido suficientes muestras de apoyo por parte de los tinerfeños.
Un debate que va más allá de la escultura
Este caso es solo la punta del iceberg. España alberga alrededor de 4.000 vestigios franquistas, desde placas en calles hasta obeliscos y esculturas, muchos de ellos recogidos en un catálogo estatal de más de 9.300 páginas. El Gobierno está financiando inventarios para identificar y, en su caso, retirar estos símbolos, pero el proceso es lento y genera tensiones. En Tenerife, por ejemplo, no solo está este monumento, sino también otros como el busto de Joaquín Amigó de Lara o calles con nombres como Calvo Sotelo o General Serrador. La Universidad de La Laguna ha sido clara: la escultura carece de valor cultural excepcional y ofende los valores democráticos.
El conflicto no es solo legal, sino también ético y social. Para algunos, el monumento es una obra de arte que debe preservarse, independientemente de su carga simbólica. Para otros, es un recordatorio incómodo de un pasado que no debe glorificarse. Mientras, partidos como VOX han lanzado una recogida de firmas para evitar su retirada, argumentando que se trata de un "monumento a la paz". La discusión refleja una pregunta más amplia: ¿cómo gestionar un legado histórico que divide a la sociedad? Experiencias como el Museo de Auschwitz demuestran que la memoria no se borra, sino que se contextualiza. Pero en este caso, la solución sigue en el aire.
Qué significa para tu negocio
Aunque este debate parezca lejano para una pyme, tiene implicaciones prácticas. Si tu empresa trabaja en sectores como la construcción, las reformas o la gestión inmobiliaria, es probable que en algún momento te encuentres con elementos históricos o simbólicos en propiedades o proyectos. Saber cómo actuar ante estos casos —ya sea por normativa, sensibilidad social o incluso oportunidades de negocio— es clave. Por ejemplo, si reformas un edificio con vestigios del pasado, podrías necesitar asesoramiento legal o histórico para evitar conflictos. Además, entender estos procesos te ayuda a comunicarte mejor con clientes y administraciones, demostrando que tu negocio no solo cumple con la ley, sino que también es consciente de su impacto social. La inteligencia artificial de LaiaDesk puede ayudarte a gestionar documentación y normativas, asegurando que tus proyectos avancen sin sorpresas.
Fuente original: Xataka
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