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China explora el océano y encuentra a 900 metros de profundidad un ser vivo gigante capaz de estar 5 años sin comer

En las profundidades del océano, donde la oscuridad es absoluta y la presión aplastaría a casi cualquier ser vivo, algunos organismos han desarrollado estrategias fascinantes para sobrevivir. Un equipo de científicos chinos ha descubierto cómo el Bathynomus jamesi, un crustáceo gigante que habita a 900 metros bajo la superficie, logra resistir hasta cinco años sin comer. Este isópodo, que puede superar los 50 centímetros de longitud, ha evolucionado para aprovechar al máximo los escasos recursos de su entorno, un lugar donde la comida aparece de forma esporádica y las condiciones son extremas.

La clave de su resistencia no está solo en su anatomía, sino en una adaptación genética única. Los investigadores compararon su genoma con el de una especie emparentada que vive a menor profundidad y encontraron diferencias sorprendentes. El Bathynomus jamesi posee un estómago capaz de expandirse hasta ocupar dos tercios de su cuerpo, lo que le permite almacenar grandes cantidades de alimento cuando lo encuentra. Pero lo más llamativo es un gen, el ND1, que regula el consumo de energía y que no heredó de sus ancestros, sino que adquirió de bacterias simbióticas mediante un proceso conocido como transferencia horizontal de genes.

Una alianza entre genes y bacterias

El gen ND1 actúa como un interruptor metabólico: en condiciones de frío, como las del fondo marino, reduce la actividad de las mitocondrias y frena el gasto energético. Para demostrar su funcionamiento, los científicos modificaron peces cebra para que expresaran este gen. Los resultados fueron reveladores: en aguas frías, los peces con ND1 sobrevivieron un 37% más sin alimento que los que carecían de él. Además, el crustáceo alberga bacterias del grupo Chlamydiae en su estómago, que producen y almacenan grasas que el animal puede utilizar en periodos de escasez. Esta simbiosis, perfeccionada durante millones de años, le permite mantenerse activo incluso cuando la comida escasea.

El estudio no solo arroja luz sobre cómo la vida se adapta a entornos extremos, sino que también plantea preguntas sobre los límites de la supervivencia. La combinación de genética, metabolismo y cooperación con microorganismos podría inspirar avances en campos como la medicina o la biotecnología. Mientras tanto, el Bathynomus jamesi sigue siendo un ejemplo de cómo la naturaleza encuentra soluciones ingeniosas para desafíos que, a primera vista, parecen insuperables.

Qué significa para tu negocio

Aunque este descubrimiento pueda parecer lejano a tu día a día, tiene implicaciones prácticas para cualquier pyme. La eficiencia energética y la optimización de recursos son claves en sectores como la construcción, las reformas o los servicios técnicos, donde los márgenes suelen ser ajustados. Imagina aplicar estrategias similares a las del Bathynomus jamesi: almacenar recursos cuando abundan (como materiales o pedidos) para usarlos en épocas de escasez, o automatizar procesos con herramientas como la IA de LaiaDesk para reducir el gasto innecesario. Pequeños ajustes en la gestión pueden marcar la diferencia entre sobrevivir en un mercado competitivo o quedarse atrás. La naturaleza lleva millones de años perfeccionando estas tácticas; quizá sea el momento de aprender de ella.

Fuente original: El Confidencial Tecnología

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