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China tardó una década en frenar el carbón a base de megaproyectos renovables. Le ha bastado un año para reactivarlo

China ha sido durante años el espejo en el que mirarse en materia de energías renovables. Con una inversión masiva en parques eólicos, gigantescas plantas solares en lugares como el Tíbet y una capacidad hidroeléctrica sin rival, el país logró algo impensable: reducir por primera vez en una década la generación eléctrica con carbón. Sin embargo, en 2026 ese avance se ha frenado en seco. Según datos oficiales, entre enero y mayo de este año la producción de electricidad a partir de carbón y gas ha crecido un 3,4% respecto a 2025, alcanzando los 2,53 billones de kWh. Las estimaciones de consultoras como S&P Global y Wood Mackenzie apuntan a un aumento del 1,5% al 2% en la generación termoeléctrica con carbón, mientras que el consumo de este combustible en el sector eléctrico podría rozar los 2.700 millones de toneladas, un 3% más que el año anterior.

¿Por qué este giro inesperado?

La respuesta no es única, pero sí reveladora. Por un lado, fenómenos climáticos como El Niño han reducido las lluvias en el suroeste del país, mermando la capacidad de las presas hidroeléctricas. Por otro, la inestabilidad geopolítica —como el bloqueo del estrecho de Ormuz— ha encarecido el gas licuado, llevando a China a reactivar acuerdos con Rusia para asegurar suministro. Pero hay más: el crecimiento de las renovables en 2026 ha sido menor de lo esperado. El viento ha soplado con menos fuerza que en años anteriores, y la congestión en la red eléctrica ha obligado a "tirar" energía eólica y solar, reduciendo su eficiencia. Además, el ritmo de instalación de nuevos paneles solares ha caído, en parte por la saturación del mercado tras el boom de 2025.

Pero el factor más preocupante, según analistas como Qi Qin del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA), es la construcción masiva de centrales de carbón desde 2024. Muchas de estas plantas operan con contratos que garantizan un uso mínimo, compitiendo directamente con las renovables por una demanda eléctrica que crece, pero no al ritmo previsto. Como señala Qin, "las centrales de carbón tienen una ventaja institucional", lo que las convierte en la opción más rápida para cubrir huecos en el suministro. Aunque este repunte podría ser coyuntural —dependiente de sequías, tensiones geopolíticas o fluctuaciones climáticas—, lo cierto es que, sin cambios políticos, el carbón seguirá siendo un "salvavidas" en momentos de crisis.

El impacto global de este retroceso es enorme. China no solo es el mayor consumidor de electricidad del mundo, sino también el principal emisor de CO₂. Junto a India, ambos países concentran más del 90% del aumento de emisiones entre 2015 y 2024. Si Pekín no logra contener su dependencia del carbón, los objetivos climáticos internacionales —como limitar el calentamiento a 1,5 °C— se alejarán aún más. Aunque el gobierno chino mantiene su promesa de alcanzar el pico de emisiones antes de 2030, los datos de 2026 ponen en duda su capacidad para cumplirla sin un giro drástico en su estrategia energética.

Qué significa para tu negocio

Para una pyme española —ya sea del sector de la construcción, las reformas, la inmobiliaria o los servicios técnicos—, este vaivén energético chino es una señal de alerta. Si tu empresa depende de materiales o tecnologías vinculadas a las renovables (paneles solares, aerogeneradores, baterías), podrías notar fluctuaciones en los precios o en la disponibilidad de suministros. China domina el mercado de componentes clave, como el silicio para placas solares, y cualquier cambio en su producción afecta a la cadena global. Además, si estás planificando proyectos con criterios de sostenibilidad —como edificios con certificación energética o instalaciones de autoconsumo—, conviene estar atento a cómo evolucionan los costes de las tecnologías limpias. Por otro lado, si tu negocio opera en mercados internacionales, la volatilidad en los precios de la energía (por el encarecimiento del gas o el carbón) podría repercutir en los costes logísticos o en la competitividad de tus productos. La lección es clara: diversificar proveedores y apostar por la eficiencia energética —con herramientas como la IA de LaiaDesk para optimizar consumos— no es solo una cuestión ecológica, sino también una estrategia para blindar tu negocio ante los vaivenes de un mercado energético cada vez más impredecible.

Fuente original: Xataka

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