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Daniel Púa, jefe de seguridad en Magnific: "El usuario de a pie debería estar preocupado porque el phishing se está refinando con IA"

La inteligencia artificial está transformando la ciberseguridad, pero no solo para quienes la defienden. Los ciberdelincuentes también han encontrado en estas herramientas un aliado para perfeccionar sus ataques, especialmente el phishing. Daniel Púa, responsable de seguridad en Magnific, advierte que el usuario medio debería tomar nota: las estafas ya no son tan fáciles de detectar como antes. Hasta hace poco, bastaba con revisar un correo o mensaje en busca de errores ortográficos o remitentes sospechosos. Ahora, la IA permite clonar voces, recrear rostros en videollamadas e incluso imitar patrones de escritura con una precisión alarmante.

De las faltas de ortografía a los deepfakes

El salto cualitativo es evidente. Púa señala que, aunque aún no son masivos, ya existen casos de llamadas fraudulentas donde la voz de un familiar —clonada con IA— pide ayuda urgente. Google, consciente del riesgo, ha desarrollado herramientas para detectar estas suplantaciones. Pero el siguiente paso, las videollamadas falsas, ya está aquí. Un ejemplo reciente: un empleado transfirió 25 millones de dólares tras una reunión donde todos los participantes, excepto él, eran deepfakes. Aunque estos ataques se han centrado en empresas, es cuestión de tiempo que lleguen a particulares.

El patrón es claro: los ciberdelincuentes empiezan probando sus técnicas en entornos corporativos, donde el botín es mayor, para luego escalar al usuario final. Púa lo confirma desde su experiencia: en Magnific ya han detectado intentos de estafa suplantando al CEO mediante audios y mensajes de WhatsApp. "Una vez que dominan el terreno empresarial, pasan al siguiente nivel: miles de personas recibiendo el mismo engaño. Alguien acabará cayendo", explica.

¿Cómo protegerse? La recomendación es simple pero efectiva: verificar siempre por un segundo canal. Si un familiar te pide dinero por teléfono, confirma la petición por WhatsApp o en persona. Los expertos van más allá y sugieren establecer una "palabra clave" familiar para situaciones sospechosas. Púa lo resume así: "Si te piden algo extraño, pregunta: ¿cuál es nuestra contraseña?. Si no la saben, es una estafa".

Qué significa para tu negocio

Si gestionas una pyme, esta evolución en el phishing no es un tema ajeno. Tus empleados —especialmente los que manejan pagos o datos sensibles— son blancos potenciales. Un error puede costarte miles de euros o dañar tu reputación. La solución no es alarmarse, sino prepararse: forma a tu equipo para que identifique señales de alerta (como peticiones urgentes o cambios en el tono de un contacto habitual) y establece protocolos de verificación. Por ejemplo, exige confirmación por correo o llamada interna antes de realizar transferencias. La IA de LaiaDesk puede ayudarte a monitorizar comunicaciones sospechosas, pero la última línea de defensa sigue siendo el sentido común. En un mundo donde hasta las videollamadas pueden ser falsas, la regla de oro es: desconfía y verifica.

Fuente original: Xataka

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