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El calor no solo te marea, "secuestra" tu sangre: la explicación científica detrás de la lipotimia veraniega

El verano no solo trae días largos y sol, sino también un riesgo silencioso que puede pillarnos desprevenidos: los desmayos por calor. Aunque muchos lo atribuyen a un simple mareo, lo que ocurre en nuestro cuerpo es más complejo. Cuando las temperaturas se disparan, el organismo activa un mecanismo de defensa para refrigerarse: dilata los vasos sanguíneos para liberar calor. El problema surge cuando esta vasodilatación, combinada con la deshidratación o estar mucho tiempo de pie, hace que la sangre se acumule en las piernas. El corazón no logra bombear suficiente sangre hacia el cerebro, que, al quedarse sin oxígeno, "apaga" el sistema de forma temporal. Es lo que conocemos como lipotimia o síncope por calor.

No todos los problemas relacionados con el calor son iguales, y confundirlos puede ser peligroso. La lipotimia es un desmayo breve que suele resolverse sin secuelas si la persona se recupera rápido. Sin embargo, el agotamiento por calor es más serio: provoca debilidad extrema, náuseas y sudoración excesiva, aunque sin afectar gravemente al sistema nervioso. El verdadero peligro llega con el golpe de calor, una emergencia médica en la que la temperatura corporal supera los 40 °C y el cerebro sufre daños graves, pudiendo derivar en convulsiones o incluso coma. Saber distinguirlos es clave para actuar a tiempo.

Factores que aumentan el riesgo

Algunas situaciones cotidianas multiplican las probabilidades de sufrir un episodio de este tipo. Por ejemplo, después de una comida copiosa, el cuerpo desvía gran parte del flujo sanguíneo al sistema digestivo. Si a esto le sumamos el calor, el cerebro queda en una situación crítica, con poco margen para recibir sangre. Por eso, en verano, es recomendable optar por comidas ligeras y evitar esfuerzos físicos intensos tras comer. La edad también juega en contra: las personas mayores de 65 años son más vulnerables porque su reflejo de la sed se debilita y su cuerpo tarda más en adaptarse a los cambios de temperatura, lo que facilita la deshidratación sin que siquiera lo noten.

Otros factores, como el consumo de alcohol o ciertos medicamentos, también pueden agravar el riesgo. El alcohol deshidrata y dilata los vasos sanguíneos, mientras que algunos fármacos, como los diuréticos o los antihipertensivos, alteran la presión arterial. Incluso el simple hecho de estar en espacios cerrados y mal ventilados, como un transporte público abarrotado, puede desencadenar un desmayo. La buena noticia es que, con medidas sencillas, estos episodios se pueden prevenir.

Qué significa para tu negocio

Si tu pyme trabaja en sectores como la construcción, reformas o servicios técnicos, el calor no es solo una molestia, sino un riesgo laboral real. Un operario que sufra un desmayo en una obra o un técnico que se maree en una instalación puede derivar en accidentes graves, retrasos en los proyectos o incluso sanciones por no garantizar condiciones seguras. Por eso, es clave adaptar los horarios para evitar las horas de más calor, proporcionar agua fresca de forma constante y formar a los empleados para reconocer los síntomas de alerta. Pequeños cambios, como pausas en zonas sombreadas o ropa transpirable, pueden marcar la diferencia entre un verano productivo y uno lleno de sustos. Además, si trabajas con clientes en sus hogares o locales, estar atento a señales como mareos o confusión puede ayudarte a actuar rápido y evitar situaciones de riesgo. La prevención no solo protege a tu equipo, sino también tu reputación y tu negocio.

Fuente original: Xataka

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