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El plan para frenar el deshielo del Ártico es tan simple que suena a locura: congelarlo de nuevo

El Ártico se derrite a un ritmo alarmante: cuatro veces más rápido que el resto del planeta. Este fenómeno no solo amenaza a especies como el oso polar o las comunidades inuit, sino que también altera patrones climáticos globales. Ante esta emergencia, un equipo de científicos y una empresa británica han puesto en marcha una solución tan directa que parece sacada de un manual de bricolaje climático: fabricar hielo artificialmente para reforzar la capa que se está perdiendo.

La técnica es sencilla en esencia: perforar el hielo marino durante el invierno y bombear agua de mar sobre su superficie. El frío extremo se encarga del resto, congelando el agua al instante y añadiendo una capa adicional de hielo. En pruebas recientes, este método logró aumentar el grosor del hielo en medio metro en condiciones de -40 °C. No es magia, sino física básica aplicada a un problema urgente. El proyecto, desarrollado por Real Ice en colaboración con la Universidad de Cambridge, adapta tecnología existente —como bombas usadas en pistas de patinaje— para funcionar con energías renovables, reduciendo así su huella ambiental.

¿Por qué importa este experimento?

El hielo ártico actúa como un termostato natural del planeta. Su superficie blanca refleja la radiación solar, un efecto conocido como albedo, que ayuda a regular la temperatura global. Cuando el hielo desaparece, el océano oscuro absorbe más calor, acelerando el calentamiento. Este círculo vicioso no solo acelera el deshielo, sino que también libera metano atrapado en el permafrost, un gas con un potencial de calentamiento mucho mayor que el CO₂. Además, el derretimiento altera la corriente en chorro, lo que puede prolongar olas de calor o inundaciones en regiones alejadas del Polo Norte.

Los primeros resultados son prometedores. En la campaña 2024/2025, las zonas tratadas con este método terminaron el invierno con hasta 32 centímetros más de grosor que las áreas sin intervención. Lo más llamativo es que ese hielo nuevo se mantuvo más blanco y brillante durante el deshielo, lo que sugiere que podría derretirse más lentamente. Sin embargo, la comunidad científica mantiene reservas. Algunos expertos advierten que este tipo de soluciones podrían dar una falsa sensación de seguridad, desviando la atención de la necesidad urgente de reducir emisiones. También hay dudas sobre su viabilidad a gran escala: ¿es realista aplicar esta técnica en todo el Ártico?

Qué significa para tu negocio

Aunque tu pyme no opere en el Ártico, los efectos del cambio climático ya están aquí. Fenómenos extremos como olas de calor, sequías o inundaciones pueden afectar a proveedores, infraestructuras o incluso la demanda de tus servicios. Por ejemplo, en el sector de la construcción, materiales como el asfalto o el hormigón sufren más con temperaturas extremas, lo que puede aumentar costes de mantenimiento. En inmobiliarias, zonas antes consideradas seguras podrían verse expuestas a riesgos climáticos, cambiando el valor de los activos. Este proyecto nos recuerda que la innovación no siempre requiere tecnologías complejas: a veces, soluciones prácticas y escalables pueden marcar la diferencia. Para tu negocio, esto significa estar atento a tendencias que combinen sostenibilidad y eficiencia, ya sea optimizando recursos, reduciendo emisiones o adaptando tus operaciones a un clima en transformación.

Fuente original: Xataka

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