Hemos encontrado un excremento fosilizado y ahora sabemos que en el desierto más árido de Asia hace 4.000 años había un bosque
El desierto de la cuenca del Tarim, en el noroeste de China, es uno de los lugares más secos del planeta. Hoy, con apenas 20 milímetros de lluvia al año, su paisaje de dunas y rocas parece un escenario de otro mundo. Sin embargo, un estudio reciente ha revelado que hace 4.000 años esta zona albergaba ríos, humedales y bosques de álamos. La clave para descubrir este pasado oculto no estaba en grandes hallazgos arqueológicos, sino en algo mucho más modesto: excrementos fosilizados de animales y restos de carbón de hogueras dejados por las comunidades que habitaban la región durante la Edad de Bronce.
El equipo de investigación analizó coprolitos —heces fosilizadas— de diversas especies y carbón vegetal procedente de hogueras de la cultura Xiaohe, que ocupó la zona entre el 2050 y el 1350 a.C. Estos restos permitieron reconstruir dos aspectos fundamentales: qué árboles utilizaban como combustible y qué comían sus animales. Los resultados fueron reveladores: más de la mitad del carbón identificado correspondía a álamos y sauces, especies típicas de bosques ribereños, mientras que un 18% pertenecía a tamariscos. Además, el análisis de polen y fitolitos en las heces mostró que el 83% del polen encontrado era de enea, una planta acuática que servía como alimento, fibra e incluso material de construcción. En el caso de las ovejas, este porcentaje llegaba al 99%, lo que sugiere que los animales ingerían el polen al beber agua o respirar durante la floración.
Un paisaje que desafía la imagen del desierto
Los datos pintan un escenario muy distinto al actual. La cuenca del Tarim no era un desierto en aquella época, sino un ecosistema diverso organizado en tres zonas: bosques ribereños de álamos y sauces, matorrales en las orillas de los ríos y, más allá, el desierto. La presencia de estas especies, de rápido crecimiento y fácil regeneración, indica que la comunidad explotó los recursos de manera sostenible durante siglos. Sin embargo, el estudio también advierte de posibles sesgos: la enea produce grandes cantidades de polen y resiste mejor la degradación que otras plantas, por lo que el paisaje real podría haber sido aún más diverso de lo que sugieren los datos.
Otro hallazgo relevante es que la cultura Xiaohe practicaba un modo de vida sedentario basado en la ganadería, sin necesidad de agricultura. Los recursos del humedal —pesca, plantas acuáticas y pastos— eran suficientes para mantener a la población. Esto cuestiona la idea de que las sociedades antiguas dependían exclusivamente de la agricultura para establecerse en un territorio. No obstante, el estudio deja una pregunta sin responder: ¿cultivaban alimentos o su subsistencia se basaba únicamente en lo que ofrecía el entorno? La ausencia de evidencias no descarta por completo la posibilidad de que existieran cultivos, pero por ahora no hay pruebas que lo confirmen.
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Fuente original: Xataka
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