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Insultos, acoso y amenazas: así es jugar siendo mujer en comunidades gamer

Nathalie Jasso encontró en los videojuegos un espacio de conexión: equipos internacionales, partidas con gente que compartía sus gustos e incluso amistades que trascendían la pantalla. Pero esa confianza se rompió cuando un jugador que conoció en Ragnarok Online —y que parecía entenderla— le tendió una trampa. Tras ofrecerle ayuda técnica, le instaló un software espía en su ordenador que le permitió espiar su vida digital durante meses. El caso no es aislado: en 2021, Brasil registró el primer feminicidio de América Latina vinculado a comunidades gamer, cuando un jugador de Call of Duty Mobile asesinó a Ingrid "Sol" Oliveira, de 19 años, tras conocerla en línea.

Los datos confirman que el problema va más allá de anécdotas. Según el informe Estado del gaming en México (2025), el 50,2% de quienes juegan son mujeres, pero su experiencia dista mucho de ser igualitaria. Andrea Ramos, jugadora de shooters y simuladores, ha escuchado frases como "hay una mujer en la partida, ya vamos a perder" o "seguramente eres gorda y odiosa". Si pierde, la culpan; si gana, la acusan de hacer trampas. En una ocasión, un rival molesto la buscó en Instagram para amenazarla con "darle una lección". Danae González, streamer de League of Legends, vivió algo similar: tras revelar su género en una partida, su equipo la saboteó y le deseó cáncer. El acoso escaló hasta lo físico cuando un seguidor la agarró del brazo en un evento presencial.

Violencia normalizada: más que "toxicidad"

Jimena Yisel Caballero, investigadora en sexismo en videojuegos, señala que el término "toxicidad" —usado para describir insultos o discusiones— minimiza agresiones graves: desde desacreditar a una jugadora por su género hasta sexualizarla, acosarla o rastrearla fuera del juego. Su estudio con jugadoras de League of Legends reveló que muchas abandonan los videojuegos por este motivo. "Todas me dijeron ‘lo terminé dejando’", recuerda. Un informe de Mujeres en VG (2026) con 2.993 encuestadas en 12 países latinoamericanos confirmó que el 73% ha presenciado acoso en estos espacios, y el 77% de las gamers mexicanas lo ha sufrido en primera persona. Para evitarlo, muchas ocultan su género tras nicknames neutros.

Qué significa para tu negocio

Si tu pyme opera en entornos digitales —ya sea con equipos remotos, plataformas de comunicación o redes sociales—, esta noticia es un recordatorio de que la seguridad no es solo técnica, sino cultural. Casos como el de Nathalie muestran cómo un acceso remoto mal gestionado puede derivar en espionaje, y cómo el acoso en línea trasciende a lo físico. Para proteger a tu equipo (especialmente si hay mujeres o grupos vulnerables), implementa protocolos claros: limita permisos de acceso remoto, forma en ciberseguridad básica y fomenta canales de denuncia anónimos. Si usas herramientas colaborativas, revisa sus ajustes de privacidad y educa a tu plantilla sobre riesgos como el doxing (publicar datos personales sin consentimiento). En sectores como la construcción o las reformas, donde el trabajo híbrido gana terreno, estos pasos son clave para evitar que la violencia digital se cuele en tu empresa.

Fuente original: WIRED en Español

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