Juan Luis Arsuaga, antropólogo, sobre la IA: “Ojalá esta vez no ocurra, pero no hay precedentes de un cambio de modelo económico que no produzca conflictos”
El antropólogo Juan Luis Arsuaga, conocido por su trabajo en evolución humana, ha puesto sobre la mesa una reflexión incómoda pero necesaria: los cambios profundos en la economía rara vez llegan sin tensiones. Su advertencia no es una predicción catastrofista, sino un recordatorio histórico. Cada vez que la tecnología ha redefinido la producción —desde la Revolución Industrial hasta la automatización actual—, los beneficios no se han repartido de forma equitativa. La pregunta no es si la inteligencia artificial transformará el mercado laboral, sino quién ganará y quién quedará atrás en ese proceso.
Los datos históricos que menciona Arsuaga son reveladores. Durante la primera Revolución Industrial en Gran Bretaña, la productividad por trabajador creció un 46% entre 1780 y 1840, pero los salarios apenas subieron un 12%. Mientras los empresarios duplicaban sus beneficios, los sueldos se estancaban. No fue hasta décadas después, hacia 1850, cuando los salarios comenzaron a reflejar ese aumento de productividad. Este desfase, conocido como la "pausa de Engels", muestra cómo la tecnología puede impulsar la economía sin que los trabajadores vean los frutos de inmediato. Hoy, con la IA, el riesgo es similar: que la eficiencia aumente, pero que los costes —en forma de empleos precarios o salarios congelados— los asuman quienes menos recursos tienen para adaptarse.
¿Destrucción o transformación de empleo?
Los estudios sobre el impacto de la IA en el empleo ofrecen cifras muy dispares, pero coinciden en un punto: no habrá una desaparición masiva de puestos de trabajo, sino una reconfiguración de los mismos. Según la Organización Internacional del Trabajo, un 24% de los empleos a nivel global están expuestos a la IA generativa, porcentaje que sube al 34% en países desarrollados. En España, Funcas estima que entre 2025 y 2035 podrían destruirse entre 1,7 y 2,3 millones de empleos, aunque también se crearían unos 1,6 millones nuevos ligados a la tecnología. El saldo neto, en el escenario más probable, sería una pérdida de unos 400.000 puestos.
Sin embargo, los datos actuales no muestran una destrucción de empleo por la IA. De hecho, en España, los sectores más expuestos a la automatización han crecido más que la media desde 2022. Los trabajadores jóvenes y con estudios superiores son los más afectados —más del 40% de los titulados universitarios—, pero también los que tienen más herramientas para adaptarse. El verdadero problema no es la tecnología en sí, sino la desigualdad en el acceso a la formación. Quienes tienen menos recursos o cualificación son los que más temen ser desplazados: según la Comisión Europea, el 41% de los empleados que usan IA en su trabajo creen que podrían perder su puesto, un porcentaje que sube entre operarios, jóvenes y personas con menos ingresos.
Qué significa para tu negocio
Si diriges una pyme, esta no es una noticia para ignorar, pero tampoco para alarmarse. La IA no va a dejar tu sector obsoleto de la noche a la mañana, pero sí va a cambiar cómo se compite. Por ejemplo, en construcción o reformas, herramientas con IA ya optimizan presupuestos, detectan errores en planos o gestionan inventarios. En inmobiliarias, agilizan la valoración de propiedades o el análisis de mercados. El reto no es resistirse al cambio, sino preparar a tu equipo para aprovecharlo. Invierte en formación: cursos básicos de IA para administrativos, talleres de herramientas específicas para técnicos o incluso alianzas con proveedores que ya usen estas tecnologías. La diferencia entre quienes saldrán ganando y quienes quedarán atrás no será la tecnología en sí, sino la capacidad de adaptarse a ella. Y eso empieza hoy, con pequeños pasos.
Fuente original: Genbeta
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