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La cámara que te mira mientras conduces ya es obligatoria en coches nuevos. Y nadie te garantiza qué pasa con esos datos

Desde este mes, cualquier coche nuevo que se matricule en la Unión Europea debe incorporar obligatoriamente un sistema de monitorización del conductor: el ADDW (Advertencia Avanzada de Distracción del Conductor). Esta tecnología, integrada en el Reglamento General de Seguridad, utiliza una cámara frontal que analiza en tiempo real si el conductor mantiene la atención en la carretera. Si detecta distracciones —como mirar el móvil o desviar la vista durante demasiado tiempo—, emite una alerta sonora o visual para corregir el comportamiento. La normativa busca reducir accidentes causados por despistes, pero deja en el aire una pregunta clave: ¿qué pasa con los datos que recoge esa cámara?

El reglamento es claro en un punto: el sistema no debe grabar ni almacenar imágenes de forma permanente. Su función es analizar el comportamiento del conductor y generar una señal binaria —"atento" o "distraído"— sin conservar el vídeo original. En teoría, los datos biométricos (como el movimiento de los ojos o la expresión facial) se procesan dentro del vehículo y se eliminan inmediatamente después. Sin embargo, la normativa no exige auditorías independientes que verifiquen que los fabricantes cumplen esta premisa. Tampoco especifica qué se considera "tiempo necesario" para retener esos datos antes de borrarlos. En la práctica, la privacidad del conductor depende de la transparencia de cada marca, un terreno donde los antecedentes no invitan al optimismo.

El problema de confiar en la palabra del fabricante

Casos recientes demuestran que la gestión de datos por parte de la industria automovilística dista de ser impecable. En 2024, una investigación reveló que algunos fabricantes compartían información sobre el comportamiento al volante con intermediarios, que a su vez la vendían a compañías de seguros. Esto provocó subidas de primas para conductores que ni siquiera sabían que estaban siendo evaluados. Otro ejemplo: entre 2019 y 2022, empleados de una conocida marca compartieron de forma interna imágenes captadas por las cámaras de sus vehículos, incluyendo escenas privadas grabadas en garajes particulares. Aunque estos incidentes no afectaron directamente al ADDW ni ocurrieron en Europa, ilustran los riesgos de acumular datos sensibles sin controles estrictos.

La paradoja es que, mientras el ADDW se justifica por la seguridad vial, otros sistemas similares han sido cuestionados por vulnerar la privacidad. En Suecia, la autoridad de protección de datos sancionó a una empresa por instalar cámaras con IA que monitorizaban constantemente a sus conductores, argumentando que la seguridad no basta para justificar una vigilancia tan intrusiva. Este precedente choca con la base legal del reglamento europeo, que precisamente usa el mismo argumento —la reducción de accidentes— para imponer el ADDW. Además, el sistema convive con otro dispositivo obligatorio desde julio: la "caja negra" (EDR), que registra datos técnicos en caso de colisión. Aunque este último es más limitado —solo guarda segundos de información y no transmite datos de forma inalámbrica—, su diseño ha sido criticado por ser demasiado restrictivo, hasta el punto de resultar poco útil para investigar siniestros.

Qué significa para tu negocio

Si tu pyme utiliza vehículos —ya sea una flota de furgonetas para reformas, coches de empresa para agentes inmobiliarios o maquinaria con cabina—, esta normativa te afecta de dos formas. Primero, en la compra de nuevos vehículos: desde ahora, todos incorporarán el ADDW, lo que implica asumir que una cámara analizará a tus conductores. Aunque la ley prohíbe el almacenamiento de imágenes, conviene revisar las políticas de privacidad de los fabricantes para confirmar que no comparten datos con terceros (como aseguradoras). Segundo, en la gestión de la privacidad: si tu empresa monitoriza a empleados al volante —por ejemplo, con cámaras de seguridad—, debes asegurarte de que el sistema cumpla el RGPD. La normativa europea no permite grabar de forma continua sin una justificación clara, y el mero argumento de la "seguridad vial" podría no ser suficiente. En ambos casos, la clave está en la transparencia: informar a los trabajadores sobre qué datos se recogen, cómo se usan y quién tiene acceso a ellos. La IA de LaiaDesk puede ayudarte a auditar estos procesos y garantizar que tu pyme cumple con la ley sin sacrificar la confianza de tu equipo.

Fuente original: Xataka

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