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La ciencia creía que las tormentas geomagnéticas tenían un límite. Un error de cálculo llevaba décadas ocultando la verdad

Durante décadas, los científicos habían asumido que las tormentas geomagnéticas —esas perturbaciones causadas por los vientos solares que pueden alterar redes eléctricas y comunicaciones— tenían un límite natural. La teoría de la "saturación" sugería que, a partir de cierta intensidad, las corrientes eléctricas generadas en la atmósfera terrestre dejaban de aumentar, por muy fuerte que fuera la tormenta. Esto nos daba una falsa sensación de seguridad: creíamos haber visto lo peor y que, aunque los efectos podían ser graves, no irían a más. Sin embargo, un estudio reciente de la NASA y la Universidad de Lancaster ha desmontado esta idea al descubrir que el supuesto límite era, en realidad, un error estadístico.

El fallo que distorsionó la realidad

El problema radica en cómo se miden los vientos solares. Las naves espaciales encargadas de monitorizarlos se sitúan en el punto L1 de Lagrange, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra (mucho más cerca del Sol que de nuestro planeta). Desde allí, envían datos que luego se extrapolan para estimar su intensidad al llegar a la Tierra. Pero hay un detalle crítico: los vientos solares no mantienen una intensidad constante en su viaje. Pueden debilitarse o, lo que es peor, intensificarse. Esto introduce un margen de error en los cálculos que, acumulado durante años, ha llevado a lo que los expertos llaman "regresión a la media": los valores más extremos se sobrestimaban, mientras que los efectos reales en la Tierra se subestimaban.

Los investigadores analizaron un millón de datos recopilados cerca de nuestro planeta y los resultados son claros: la curva de intensidad de las corrientes eléctricas no se aplana, como se creía, sino que sigue creciendo. Esto significa que una tormenta geomagnética mucho más potente que las registradas hasta ahora —como el Evento Carrington de 1859 o el apagón de Quebec en 1989— no solo es posible, sino que sus efectos podrían ser exponencialmente peores. Las auroras boreales, que suelen verse como un espectáculo inofensivo, son en realidad una señal visible de estas corrientes eléctricas que, en casos extremos, pueden freír transformadores, dejar ciudades sin luz o inutilizar satélites.

El estudio subraya la urgencia de mejorar los sistemas de medición. Colocar naves más cerca de la Tierra permitiría obtener datos más precisos y, sobre todo, ganar tiempo para prepararnos. Porque, aunque el campo magnético terrestre actúa como un escudo, no es infalible. Cuando los vientos solares son demasiado intensos, las partículas cargadas de plasma solar atraviesan esa barrera y generan corrientes eléctricas en la atmósfera. Y ahí es donde empiezan los problemas para nuestra infraestructura tecnológica.

Qué significa para tu negocio

Si gestionas una pyme en sectores como la construcción, las reformas, las inmobiliarias o los servicios técnicos, esta noticia no es solo curiosidad científica: es un recordatorio de que la dependencia tecnológica tiene riesgos ocultos. Una tormenta geomagnética extrema podría dejar sin suministro eléctrico a zonas enteras durante horas o días, inutilizar equipos conectados a la red o incluso dañar satélites esenciales para el GPS o las comunicaciones. ¿Tienes un plan de contingencia para operar sin internet o con cortes de luz prolongados? ¿Sabes cómo proteger tus datos si fallan los servidores? La prevención no es alarmismo: es sentido común. Revisa tus sistemas de respaldo, forma a tu equipo en protocolos de emergencia y considera seguros que cubran daños por fenómenos naturales. Porque, como demuestra este estudio, lo que creíamos imposible puede estar más cerca de lo que pensamos.

Fuente original: Xataka

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