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Lentes inteligentes: cómo mitigar los riesgos de seguridad y privacidad

Los lentes inteligentes han dejado de ser un gadget futurista para convertirse en una realidad al alcance de cualquiera. Diseñados para integrarse en el día a día con un aspecto casi idéntico al de unas gafas convencionales, incorporan cámaras, micrófonos y conexión a inteligencia artificial. Su principal atractivo —grabar lo que ves, recibir información contextual en tiempo real o interactuar con asistentes virtuales— plantea, sin embargo, un dilema: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar privacidad por comodidad?

El problema no es solo que quien los usa pueda capturar imágenes o conversaciones sin que los demás se den cuenta. Aunque estos dispositivos suelen incluir una luz LED que avisa de la grabación, es fácil ocultarla con un simple adhesivo. Lo más preocupante es lo que ocurre después: las imágenes pueden subirse a redes sociales, analizarse con IA para identificar rostros o cruzarse con datos públicos disponibles en internet. Imagina que un desconocido graba tu cara en la calle y, en cuestión de segundos, un algoritmo le muestra tu nombre, dónde trabajas o incluso tus redes sociales. Esto no es ciencia ficción: estudios recientes han demostrado cómo plataformas como Instagram permiten vincular vídeos en directo con sistemas de reconocimiento facial, facilitando el acoso, el fraude o la creación de perfiles detallados sin consentimiento.

Más allá de la privacidad: riesgos para la seguridad

Pero los peligros no se limitan a lo que otros puedan hacer con tus datos. Si usas lentes inteligentes, cualquier información sensible que compartas con su IA —desde contraseñas tecleadas en un cajero hasta documentos bancarios— podría quedar expuesta. Por ejemplo, si dictas un PIN en voz alta o enfocas la cámara hacia una pantalla con datos confidenciales, esa información podría almacenarse en servidores externos, donde terceros —incluidos trabajadores subcontratados— podrían acceder a ella. Peor aún: si un ciberdelincuente logra hackear el dispositivo, podría espiarte en tiempo real, robar credenciales o incluso suplantar tu identidad para cometer fraudes.

Los métodos para comprometer estos dispositivos son variados: desde explotar vulnerabilidades en su sistema operativo hasta engañarte para que instales una app maliciosa o conectarte a una red Wi-Fi falsa. También existe el riesgo del "shoulder surfing" (espiar por encima del hombro), una técnica clásica que ahora se potencia con la tecnología. Un atacante podría grabar cómo introduces tu contraseña en el móvil o leer un correo confidencial proyectado en tus lentes, combinando esa información con datos obtenidos por reconocimiento facial para lanzar ataques de phishing personalizados.

Qué significa para tu negocio

Si en tu pyme utilizáis tecnología wearable como lentes inteligentes —por ejemplo, para formación técnica, asistencia remota en obras o gestión de inventarios—, es crucial establecer protocolos claros. Limita su uso a entornos controlados, desactiva funciones de grabación en espacios sensibles (como reuniones con clientes o zonas de trabajo con datos confidenciales) y forma a tu equipo sobre los riesgos. Si eres autónomo o trabajas en movilidad, evita manejar información crítica —como contraseñas o datos bancarios— mientras los llevas puestos. Y si un cliente o compañero los usa cerca de ti, no dudes en pedir que los apague en entornos profesionales. La clave está en equilibrar la innovación con el sentido común: la tecnología debe facilitar tu trabajo, no convertirte en un eslabón débil de la ciberseguridad.

Fuente original: WeLiveSecurity ES

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