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Llevamos años huyendo del calor para hacer deporte. La ciencia ha descubierto que estábamos perdiendo un superpoder

El verano no solo trae días más largos y vacaciones, sino también un dilema para quienes hacen deporte: ¿aguantar el calor o refugiarse en el gimnasio? Durante años, el sentido común ha dictado evitar las horas de más sol, reducir la intensidad y priorizar la hidratación. Pero la ciencia acaba de revelar que, con el enfoque adecuado, entrenar con calor puede convertirse en una herramienta para mejorar el rendimiento, no en un obstáculo.

Cuando hacemos ejercicio, nuestro cuerpo solo aprovecha un 20-25% de la energía generada para el movimiento; el resto se disipa en forma de calor. Si a esto le sumamos temperaturas altas, el organismo se ve obligado a trabajar el doble: por un lado, debe mantener el esfuerzo físico, y por otro, regular la temperatura interna. Según estudios recientes, en estas condiciones el cuerpo redirige gran parte del flujo sanguíneo hacia la piel para sudar y enfriarse, lo que reduce el oxígeno disponible para los músculos y el corazón. El resultado es claro: el ritmo cardíaco se dispara y la fatiga aparece antes.

La adaptación es la clave

La buena noticia es que el cuerpo humano es una máquina de adaptación. Investigaciones publicadas este año demuestran que, tras una exposición progresiva al calor durante 8 a 14 días, el organismo activa mecanismos de aclimatación. Por ejemplo, los participantes en estos estudios lograron reducir su temperatura corporal en reposo en casi 0,2 °C y su frecuencia cardíaca en 6 latidos por minuto. Además, en la primera semana de entrenamiento con calor, el cuerpo retiene más agua y sodio para aumentar el volumen sanguíneo, mejorando el suministro de oxígeno a los músculos. A largo plazo, incluso se incrementa la producción de hemoglobina, la proteína encargada de transportar el oxígeno en la sangre.

Eso sí, no se trata de lanzarse a correr a pleno sol en agosto. La exposición al calor debe ser gradual: sesiones cortas y de baja intensidad al principio, aumentando progresivamente la duración. La hidratación es otro factor crítico, ya que una pérdida de solo el 2% del peso corporal por deshidratación anula los beneficios de la aclimatación y eleva peligrosamente la temperatura interna. En definitiva, entrenar con calor no es para improvisados, pero con paciencia y planificación, puede ser una estrategia eficaz para mejorar la resistencia y el rendimiento físico.

Qué significa para tu negocio

Si diriges una pyme en sectores como la construcción, reformas o servicios técnicos, esta noticia va más allá del deporte: es un recordatorio de cómo el cuerpo humano —y por extensión, tu equipo— responde al estrés térmico. En verano, los trabajadores expuestos a altas temperaturas pueden ver reducida su productividad, aumentar el riesgo de fatiga o incluso sufrir golpes de calor. La solución no es evitar el calor, sino adaptarse a él con medidas progresivas: ajustar horarios, garantizar hidratación constante y, si es posible, implementar pausas activas en espacios frescos. Pequeños cambios pueden marcar la diferencia entre un equipo agotado y uno que rinde al máximo, incluso en condiciones extremas. Además, si tu negocio incluye actividades al aire libre, como reformas o mantenimiento, esta información te ayudará a planificar mejor las jornadas y a concienciar a tus empleados sobre la importancia de la aclimatación.

Fuente original: Xataka

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