Los centros de datos de EEUU ya gastan el triple de agua que hace casi una década. Y la cifra es de antes del boom de la IA
Detrás de cada respuesta instantánea de un chatbot o de un análisis de datos con inteligencia artificial hay una infraestructura física que rara vez vemos. Los centros de datos, esos gigantescos almacenes llenos de servidores, no solo consumen electricidad: también agua, y en cantidades cada vez mayores. Según datos recientes, en Estados Unidos el gasto hídrico directo de estas instalaciones se ha triplicado en menos de una década, pasando de unos 21.000 millones de litros en 2014 a cerca de 66.000 millones en 2023. Y lo más preocupante es que estas cifras corresponden a un momento en el que la explosión de la IA generativa apenas comenzaba.
El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial está redefiniendo las necesidades de cómputo. Empresas como OpenAI han multiplicado por diez su capacidad en solo dos años, pasando de 0,2 gigavatios en 2023 a casi 2 gigavatios en 2025. Este salto no se limita a entrenar modelos más potentes: implica construir nuevos centros de datos, adquirir miles de chips especializados y garantizar el suministro energético necesario. Proyectos como Stargate, impulsado por Microsoft y OpenAI, reflejan esta nueva escala, donde la competencia ya no es solo por algoritmos, sino por recursos físicos como energía, espacio y, por supuesto, agua.
¿Por qué los centros de datos consumen tanta agua?
La razón principal es la refrigeración. Los servidores y aceleradores de IA generan una enorme cantidad de calor, y mantenerlos a temperaturas seguras requiere sistemas de enfriamiento constantes. Algunas instalaciones utilizan métodos evaporativos, que reducen el consumo eléctrico pero aumentan el gasto de agua. La elección del sistema depende de factores como el clima local, la densidad del hardware o el diseño del centro, lo que explica por qué el impacto hídrico varía tanto entre unas instalaciones y otras. Además, el agua utilizada dentro de los centros es solo una parte del problema: la generación de la electricidad que consumen también tiene una huella hídrica significativa, estimada en unos 800.000 millones de litros en 2023 para el conjunto de la industria en EE.UU.
El problema se agrava por la falta de transparencia. Mientras que la Unión Europea ya exige a los centros de datos informar sobre su consumo de agua, en Estados Unidos no existe una evaluación sistemática a nivel federal. Los datos están dispersos entre estados, municipios y empresas, lo que dificulta tener una imagen clara del impacto real. Esta opacidad contrasta con la velocidad a la que crece la infraestructura de IA, dejando preguntas clave sin responder: ¿cuánta agua se necesitará en el futuro? ¿Cómo afectará esto a regiones con escasez hídrica? Son cuestiones que no solo preocupan a los gigantes tecnológicos, sino también a gobiernos y comunidades locales.
Qué significa para tu negocio
Aunque tu pyme no gestione centros de datos, el auge de la IA y su impacto en los recursos naturales tiene implicaciones directas. Si utilizas herramientas de inteligencia artificial —como la IA de LaiaDesk para optimizar procesos o analizar datos—, es probable que dependas indirectamente de esta infraestructura. Esto significa que, a medida que crezca la demanda de IA, también podrían aumentar los costes energéticos y de servicios asociados, especialmente en regiones con restricciones hídricas o eléctricas. Además, si tu negocio opera en sectores como la construcción, las reformas o los servicios técnicos, donde la sostenibilidad es cada vez más valorada por clientes y reguladores, conviene estar al tanto de estas tendencias. La eficiencia no solo es una cuestión de costes, sino también de reputación: demostrar que tu empresa es consciente del impacto ambiental de la tecnología que usa puede ser un diferenciador frente a la competencia.
Fuente original: Xataka
Conversación
Inicia sesión para comentar y reaccionar.
EntrarSé el primero en comentar.