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Los gases venenosos parecen un arma de lo más moderna, pero no: hace más de 2.000 años ya los usaban en Grecia

La historia militar está llena de estrategias ingeniosas, pero pocas tan sorprendentes como el uso de gases tóxicos en la Antigua Grecia. Hace más de dos mil años, en la ciudad de Ambracia —hoy desaparecida bajo la actual Arta—, sus defensores recurrieron a un método tan primitivo como efectivo para repeler un asedio romano. No se trataba de una innovación científica, sino de aprovechar lo que tenían a mano: el humo de un fuego controlado.

El episodio, documentado por el historiador Polibio en el siglo II a.C., ocurrió durante la guerra entre Roma y la Liga Etolia. Los romanos, bajo el mando del cónsul Marco Fulvio Nobilior, intentaban tomar la ciudad excavando túneles bajo sus murallas, una táctica habitual para debilitar las defensas. Los ambracios, sin embargo, idearon una respuesta inesperada: llenaron un recipiente de barro con plumas, lo encendieron y, usando un fuelle, dirigieron el humo denso y asfixiante hacia los túneles. El resultado fue inmediato: los legionarios, atrapados en un espacio cerrado, se vieron obligados a retroceder ante la imposibilidad de respirar.

Un arma química sin nombre

Aunque hoy lo identificaríamos como un ataque con gases tóxicos, en la época no existía ese concepto. Para los griegos, era simplemente una solución ingeniosa frente a un enemigo superior en número. La historiadora Adrienne Mayor señala que estas prácticas se entendían como recursos bélicos, no como "armas químicas" en el sentido moderno. El humo de las plumas, al quemarse en un espacio confinado, generaba una mezcla irritante capaz de provocar asfixia, algo que los ambracios aprovecharon con astucia.

El éxito de la maniobra fue temporal. Aunque el humo logró frenar el avance romano, la ciudad terminó rindiéndose y sufriendo saqueos. Con el tiempo, su población fue trasladada a Nicópolis por orden de Augusto, y para el siglo II d.C., Ambracia era poco más que un recuerdo cubierto de hierba. Sin embargo, su resistencia dejó un precedente curioso: el uso del humo como arma, mucho antes de que la química se convirtiera en una ciencia.

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Fuente original: Xataka

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