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Los monederos físicos de bitcoin prometían mantener las claves fuera del alcance de los hackers. Alguien simplemente las adivinó

Los monederos físicos de criptomonedas, conocidos como cold wallets, han sido durante años la opción más segura para almacenar activos digitales. Su principal ventaja era que las claves privadas —las que permiten acceder y mover los fondos— nunca abandonaban el dispositivo, protegiéndolas de ataques remotos. Sin embargo, esta promesa se ha roto de forma espectacular. A finales de julio, cientos de usuarios de los monederos ColdCard vieron cómo sus bitcoins desaparecían en cuestión de minutos, sin que nadie tocara sus dispositivos ni los infectara con malware. El ladrón no necesitó romper la seguridad del hardware: simplemente adivinó las claves.

El robo, que ascendió a 1.367 bitcoins (unos 89 millones de dólares), afectó a miles de direcciones distintas. Lo más preocupante no es la cantidad, sino el método: el atacante explotó un fallo en la generación de las semillas criptográficas, los datos aleatorios de los que derivan las claves privadas. En teoría, estas semillas deben ser impredecibles, pero en la práctica, un error en el código del firmware de ColdCard las hizo vulnerables. El problema se remonta a 2021, cuando los desarrolladores integraron una biblioteca llamada libNgU para mejorar la generación de números aleatorios. Sin embargo, un fallo en la implementación hizo que, en lugar de usar el generador físico del dispositivo, el sistema recurriera a un generador pseudoaleatorio de MicroPython, mucho menos seguro.

Cómo un error convirtió lo seguro en predecible

El generador defectuoso utilizaba datos como el identificador del chip y registros del reloj del dispositivo para crear las semillas. Aunque estos valores pueden parecer aleatorios, no ofrecen la entropía necesaria para garantizar seguridad criptográfica. En los modelos más antiguos de ColdCard (Mk2 y Mk3), el espacio de posibles semillas se redujo a solo 40 bits, mientras que en los más recientes (Mk4 y Mk5) subió a 72 bits. Sin embargo, un análisis posterior reveló que, debido a otro fallo, el espacio real era de apenas 32 bits. Esto significa que, en lugar de las miles de millones de combinaciones posibles, el atacante solo tenía que probar unos 4.300 millones de claves, algo factible con la potencia de cálculo actual.

El método del ladrón fue sencillo: generar todas las semillas posibles, derivar las direcciones de bitcoin asociadas y compararlas con la blockchain para identificar cuáles tenían fondos. Una vez localizadas, bastaba con usar las claves privadas correspondientes para vaciar las carteras. El ataque no requirió acceso físico a los dispositivos ni vulnerar su seguridad: fue como si el atacante tuviera una copia de todas las claves posibles. Los robos se produjeron en oleadas, con la primera gran transferencia moviendo más de 1.000 bitcoins en menos de una hora.

Los responsables de ColdCard ya han lanzado una actualización de firmware para corregir el fallo, pero esto solo evita que se generen nuevas semillas inseguras. Las ya creadas siguen siendo vulnerables, por lo que la recomendación es actualizar el dispositivo, crear una semilla nueva y trasladar los fondos. El caso también pone de relieve los riesgos del código abierto: aunque el firmware de ColdCard era público y revisado, el error pasó desapercibido, incluso para un análisis automatizado con herramientas de inteligencia artificial.

Qué significa para tu negocio

Si gestionas criptomonedas en tu pyme —ya sea como inversión, método de pago o reserva de valor—, este caso es un recordatorio de que la seguridad no depende solo del hardware, sino también del software que lo controla. Un error en el código puede anular todas las capas de protección. Para minimizar riesgos, sigue estas pautas: actualiza siempre el firmware de tus dispositivos, verifica que las semillas se generen correctamente (usando herramientas externas si es necesario) y, si tienes dudas, traslada los fondos a una cartera nueva. Además, diversifica el almacenamiento: no confíes todos tus activos a un solo monedero, por muy seguro que parezca. En el mundo digital, la precaución no es paranoia, es sentido común.

Fuente original: Xataka

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