Los robots y el espectáculo distrajeron del urgente debate sobre la IA en la ONU
La cumbre anual "IA para el Bien" de la ONU, celebrada en Ginebra, reunió a expertos, gobiernos y empresas para debatir cómo la inteligencia artificial puede contribuir a resolver desafíos globales. Sin embargo, entre demostraciones de robots, talleres prácticos y espacios de networking más cercanos a una feria tecnológica que a un foro de alto nivel, el evento dejó en segundo plano un debate urgente: ¿realmente la IA está beneficiando a todos por igual o está profundizando desigualdades?
La secretaria general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), Doreen Bogdan-Martin, abrió la conferencia con un mensaje optimista: la IA podría ser clave para combatir crisis como el hambre, las enfermedades o el cambio climático. Pero ese discurso chocó con una realidad incómoda. Mientras en Washington se discuten regulaciones para limitar riesgos como la superinteligencia artificial, en Ginebra muchos asistentes cuestionaron si los avances tecnológicos están llegando a quienes más los necesitan. Giulio Coppi, de la organización Access Now, fue claro: "Hemos perdido la inocencia". Criticó que sectores públicos y humanitarios dependan demasiado de grandes corporaciones tecnológicas, cuyas soluciones —opacas y en constante cambio— a menudo priorizan intereses comerciales sobre el impacto social.
El problema de definir "el bien"
Uno de los mayores obstáculos es la ambigüedad del término "IA para el bien". Para ingenieros como Vijay Janapa Reddi, de Harvard, esa etiqueta es demasiado vaga: "No puedo construir algo que sea simplemente 'bueno'. Un avión que vuela cinco minutos no sirve de nada". La falta de estándares claros dificulta que la tecnología cumpla promesas concretas, especialmente en regiones con menos recursos. Por ejemplo, la mayoría de los modelos de lenguaje avanzados están diseñados en inglés, lo que excluye a comunidades que no hablan este idioma o no tienen acceso a hardware costoso.
El debate sobre quién controla la IA —y quién se beneficia de ella— dominó gran parte de las conversaciones. Mientras EE.UU. y China imponen restricciones a la exportación de chips y modelos, países en desarrollo temen quedar relegados a meros consumidores de tecnología ajena. Syed Munir Khasru, del Instituto de Política, Defensa y Gobernanza, lo resumió así: "La computación ya no es solo un problema tecnológico, sino de desarrollo". Sin infraestructuras accesibles y modelos adaptados a contextos locales, la brecha digital no hará más que crecer. Incluso se cuestionó si los derechos humanos están siendo considerados en el diseño de estas herramientas, algo que, según Gilles Thonet, de la Comisión Electrotécnica Internacional, los ingenieros suelen dejar en manos de otros.
Qué significa para tu negocio
Para una pyme, esta cumbre es un recordatorio de que la IA no es neutral: su impacto depende de quién la desarrolle, quién la regule y quién pueda acceder a ella. Si trabajas en construcción, reformas, inmobiliarias o servicios técnicos, es probable que ya uses herramientas con IA —desde software de gestión hasta asistentes virtuales—. Pero, ¿sabes realmente cómo se entrenan esos modelos o si cumplen con normativas éticas? La dependencia de soluciones cerradas, controladas por grandes empresas, puede limitar tu autonomía y encarecer costes. Por eso, es clave diversificar proveedores y apostar por alternativas locales o de código abierto cuando sea posible. Además, si tu negocio opera en mercados internacionales, estate atento a cómo las regulaciones —como las restricciones a chips o modelos— podrían afectar a tus herramientas. La IA no es el futuro: es el presente, y su uso responsable empieza por preguntarse quién está realmente detrás de ella.
Fuente original: WIRED en Español
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