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Madrid quiere la noria más grande del mundo. De momento se está conformando con un tiovivo francés

Madrid ha decidido dar un giro a su oferta de ocio con dos proyectos que, aunque opuestos en escala, comparten un mismo objetivo: modernizar sus espacios de atracciones sin perder de vista su legado histórico. Por un lado, el Ayuntamiento ha puesto en marcha el concurso para gestionar el Parque de Atracciones de la Casa de Campo, con una condición clara: preservar el tiovivo de madera francés, una joya artesanal de 1927 que lleva décadas girando en el recinto. Por otro, la ciudad sigue soñando con construir la noria más alta del mundo, un proyecto faraónico de 260 metros que duplicaría en altura al London Eye y que, de momento, ha encontrado más obstáculos que apoyos.

Un tiovivo con historia y una noria con polémica

El tiovivo, adquirido por el Ayuntamiento en 1968, es una pieza única en España. Tallado a mano por ebanistas franceses, combina elementos del art déco y el modernismo, con figuras de animales —desde caballos hasta cerdos— que parecen sacadas de un museo de taxidermia. Sus ojos de cristal y sus melodías de principios del siglo XX lo convierten en un viaje en el tiempo, aunque su restauración en 2012 lo salvó de convertirse en una reliquia estática. Ahora, el consistorio exige que el futuro concesionario del parque lo mantenga en funcionamiento, como símbolo de un patrimonio que va más allá de las montañas rusas y las atracciones de vértigo.

En el extremo opuesto está el proyecto de la noria gigante, una ambición que choca con la realidad urbana y vecinal. Tras descartar su instalación en el Parque Enrique Tierno Galván —donde los vecinos recopilaron 14.000 firmas en contra por el impacto ambiental—, el Ayuntamiento baraja ahora una parcela junto a las cocheras de la EMT, cerca del hospital La Paz. El diseño, a cargo del arquitecto Carlos Rubio, promete cabinas panorámicas y un mirador central, pero su viabilidad sigue en entredicho. Mientras tanto, Madrid ya tuvo su propia noria, la modesta "Noria Visión", desmantelada en 2011 tras cuatro décadas de servicio. Su desaparición dejó un hueco que ahora se quiere llenar con algo mucho más ambicioso, aunque no exento de controversia.

Estos dos proyectos reflejan la dualidad de una ciudad que busca posicionarse como referente global sin renunciar a su memoria. El teleférico de Madrid, actualmente en reforma —con cabinas de suelo de cristal y sistemas de inteligencia artificial para optimizar su funcionamiento—, es otro ejemplo de esta apuesta por la innovación. Pero, como ocurre con el tiovivo, hay elementos que resisten el paso del tiempo. La pregunta es si la capital logrará equilibrar su ambición futurista con el respeto a lo que ya funciona, o si acabará sacrificando lo segundo en nombre de lo primero.

Qué significa para tu negocio

Para una pyme del sector de las reformas, la construcción o los servicios técnicos, estos proyectos son una señal clara: la modernización de infraestructuras públicas y privadas sigue en marcha, y con ella llegan oportunidades. La restauración del tiovivo, por ejemplo, requiere conocimientos especializados en carpintería, pintura y conservación de materiales antiguos, un nicho con menos competencia que las obras convencionales. En el otro extremo, una noria de 260 metros implicaría trabajos de cimentación, estructuras metálicas y sistemas de seguridad avanzados, donde empresas locales podrían colaborar como subcontratas o proveedoras de servicios.

Además, la polémica en torno a la noria gigante recuerda que cualquier proyecto de envergadura debe considerar el impacto social y ambiental. Si tu negocio trabaja en urbanismo o eficiencia energética, este es un momento para destacar cómo tus soluciones pueden ayudar a conciliar grandes infraestructuras con las demandas de la comunidad. Y si te dedicas al mantenimiento de instalaciones, la experiencia del Parque de Atracciones —donde conviven atracciones centenarias con otras de última generación— demuestra que hay mercado para servicios que alarguen la vida útil de equipos, ya sean históricos o modernos. La clave está en adaptarse a las necesidades de cada cliente, sin perder de vista que, a veces, lo más valioso no es lo más grande, sino lo que ya funciona.

Fuente original: Xataka

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