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"Me equivoqué en muchas cosas, pero sobre todo en una: la economía tiene mucha inercia": Sam Altman reconoce que las empresas no han adoptado IA tanto como imaginaba

Sam Altman, el rostro más visible de OpenAI, ha reconocido públicamente que la adopción de la inteligencia artificial en el mundo empresarial no está avanzando al ritmo que él mismo anticipaba. En una conversación reciente, el CEO admitió que subestimó la "inercia" de la economía: aunque los modelos de IA como los que impulsan herramientas como LaiaDesk mejoran a velocidad de vértigo, las empresas no pueden —ni quieren— transformar sus procesos de la noche a la mañana. La brecha entre lo técnicamente posible y lo operativamente viable sigue siendo amplia, y eso frena la revolución que muchos daban por descontada.

La IA corre, pero las empresas caminan

El contraste es llamativo: mientras los usuarios particulares adoptaron herramientas como ChatGPT en tiempo récord —batiendo récords históricos de crecimiento—, las pymes y grandes corporaciones avanzan con cautela. No es un problema de tecnología, sino de logística. Integrar la IA en un negocio implica revisar sistemas heredados, garantizar la seguridad de los datos, formar a equipos y, en muchos casos, convencer a clientes o proveedores de que el cambio merece la pena. Altman lo resumió con crudeza: "Abrir una aplicación de IA lleva segundos; rediseñar los flujos de trabajo de una empresa, años".

Eso no significa que la IA esté fracasando, sino que su impacto real tardará en materializarse. Altman incluso celebró esta lentitud: en su opinión, una transición gradual evita disrupciones bruscas y permite que las empresas asimilen los cambios sin sobresaltos. Sin embargo, la realidad es que muchas pymes siguen viendo la IA como un proyecto piloto o una herramienta puntual, no como un eje central de su estrategia. La paradoja es clara: cuanto más potente se vuelve la tecnología, más evidente resulta que su adopción depende de factores humanos —y burocráticos— que no se resuelven con algoritmos.

El fenómeno encaja con lo que los expertos llaman la "ley de Amara": tendemos a sobrevalorar el impacto de una tecnología en el corto plazo y a infravalorarlo en el largo. Ocurrió con los ordenadores personales en los 80, con internet en los 90 y ahora parece repetirse con la IA. Las expectativas iniciales fueron altísimas, pero la transformación real —la que cambia cómo trabajamos, cómo tomamos decisiones o cómo servimos a nuestros clientes— requiere tiempo, adaptación y, sobre todo, voluntad de romper con lo establecido.

Qué significa para tu negocio

Si diriges una pyme del sector de la construcción, las reformas, la inmobiliaria o los servicios técnicos, esta noticia es una llamada a la acción —pero también a la paciencia—. La IA no va a reemplazar tus procesos de un día para otro, pero sí puede optimizarlos si la integras con criterio. Empieza por identificar tareas repetitivas o basadas en datos (como la gestión de proyectos, el análisis de planos o la atención al cliente) donde herramientas como LaiaDesk puedan ahorrarte tiempo y errores. No esperes a que la tecnología lo haga todo: forma a tu equipo, prueba en pequeño y escala lo que funcione. La inercia de la que habla Altman no es un obstáculo, sino una oportunidad para adoptar la IA sin prisas, pero sin pausas. El futuro no llega de golpe; se construye paso a paso.

Fuente original: Xataka

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