No es que un centro de datos de Meta consuma mucha o poca agua. Es que está contaminándola
La inteligencia artificial está transformando sectores enteros, pero su infraestructura también genera controversia. Uno de los últimos ejemplos llega desde Cheyenne, en Wyoming (EE.UU.), donde un centro de datos en construcción para Meta ha desatado un problema ambiental inesperado: la contaminación del agua con una bacteria potencialmente peligrosa. El caso pone sobre la mesa un riesgo poco conocido de estas instalaciones: no solo consumen recursos, sino que pueden afectar a la calidad del agua que luego se reutiliza en espacios públicos.
El incidente saltó a la luz durante un análisis rutinario de aguas residuales, donde se detectó la presencia de Cupriavidus gilardii, un microorganismo poco común que, aunque rara vez infecta a humanos, puede ser letal para personas con sistemas inmunitarios debilitados. Las autoridades locales rastrearon el origen hasta las instalaciones que Meta está levantando en la ciudad, operadas por un contratista externo. Aunque aún no se ha identificado el foco exacto dentro del centro de datos, el hallazgo fue suficiente para que el ayuntamiento prohibiera a todos los centros de datos verter cualquier tipo de residuo en la red de alcantarillado público.
Un problema con efectos en cadena
La medida no es menor. Los centros de datos suelen emplear sistemas de refrigeración que requieren grandes volúmenes de agua, un proceso conocido como fill and flush. Antes de poner en marcha los equipos, llenan sus circuitos con agua y luego los purgan, liberando el líquido usado al alcantarillado. En este caso, ese agua contenía la bacteria, que terminó en una planta de tratamiento cuyas aguas residuales se reutilizan para regar parques y zonas verdes. Meta aseguró que detuvo los vertidos de inmediato y comenzó a transportar los residuos fuera de las instalaciones, pero el daño reputacional —y legal— ya estaba hecho.
El episodio refleja un desafío creciente: la expansión acelerada de la IA exige más centros de datos, pero su impacto ambiental y sanitario no siempre se gestiona con la misma urgencia. La Cupriavidus gilardii, aunque no es frecuente en infecciones humanas, ha causado siete muertes registradas hasta la fecha. En Cheyenne, afortunadamente, no se han reportado casos vinculados al vertido, pero el riesgo existe. Lo preocupante es que, como admitieron las autoridades, este tipo de bacterias no se analizan de forma sistemática en los controles de agua, lo que abre la puerta a que incidentes similares pasen desapercibidos en otras ubicaciones.
Qué significa para tu negocio
Si gestionas una pyme en sectores como la construcción, reformas o servicios técnicos, este caso es un recordatorio de que la tecnología —incluso la que no ves— tiene consecuencias tangibles. Aunque tu empresa no opere un centro de datos, es probable que trabajes con proveedores o clientes que sí dependen de ellos, ya sea para almacenar datos en la nube o usar herramientas de IA. La contaminación del agua o el aumento del consumo energético son riesgos que pueden encarecer servicios básicos, como el suministro eléctrico o el tratamiento de residuos, afectando indirectamente a tu cadena de costes.
Además, la reputación importa. Si tus clientes perciben que colaboras con empresas con prácticas cuestionables —aunque sea de forma indirecta—, podrían replantearse su confianza en ti. La transparencia en la gestión de recursos y el cumplimiento normativo son valores cada vez más demandados. En un sector como el tuyo, donde la sostenibilidad y la eficiencia ya son argumentos de venta, este tipo de noticias refuerzan la necesidad de elegir socios tecnológicos con políticas claras en materia ambiental. La IA de LaiaDesk, por ejemplo, está diseñada para optimizar procesos sin descuidar estos aspectos, pero siempre conviene preguntar: ¿qué huella deja la tecnología que usas?
Fuente original: Xataka
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