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¿Qué pasa con los datos que sus empleados ponen en la IA?

El uso de herramientas de inteligencia artificial en el entorno laboral ya no es una novedad, pero sí un desafío creciente para las pymes. Cada vez más empleados recurren a estas plataformas para analizar documentos, generar informes o automatizar tareas, a menudo sin ser conscientes de los riesgos que conlleva. ¿El problema? Que estos sistemas no siempre dejan un rastro claro, como ocurriría con un correo malicioso o un archivo infectado. En su lugar, la información sensible puede filtrarse de forma silenciosa: un dato copiado en un chat, un documento subido para su revisión o un archivo descargado tras ser procesado por la IA. Y lo más preocupante es que, en muchos casos, ni siquiera la empresa sabe que está ocurriendo.

El "Shadow AI": cuando la IA escapa al control

El concepto de Shadow IT —el uso de aplicaciones no autorizadas por la empresa— ha evolucionado con la llegada de la inteligencia artificial. Ahora hablamos de Shadow AI, un fenómeno en el que los empleados utilizan herramientas de IA sin supervisión, ya sea desde cuentas corporativas o personales. Esto incluye desde extensiones de navegador hasta asistentes integrados en servicios en la nube, pasando por agentes autónomos que interactúan con otras aplicaciones. El riesgo no es solo que se usen plataformas no aprobadas, sino que, en el proceso, se expongan datos confidenciales sin que la empresa tenga visibilidad ni capacidad de reacción.

Los números reflejan la magnitud del problema. Según estudios recientes, un empleado corporativo interactúa con herramientas de IA una media de 36 veces al día, aunque esta cifra varía drásticamente: desde 12 interacciones en los casos menos activos hasta más de 140 en los más intensivos. Cada una de estas interacciones es una potencial brecha de seguridad, especialmente cuando se trata de información sensible que se copia, pega o sube a plataformas externas. Y lo más complicado es que, a diferencia de otros riesgos cibernéticos, aquí no basta con bloquear aplicaciones o restringir accesos: el control debe llegar hasta el nivel de cada interacción individual.

Las estrategias tradicionales de ciberseguridad —basadas en proteger identidades, dispositivos y redes— siguen siendo necesarias, pero resultan insuficientes ante este nuevo escenario. La clave está en monitorizar lo que ocurre durante las sesiones de IA: detectar si una acción la realiza un humano o un agente autónomo, identificar herramientas no autorizadas y evitar que datos sensibles lleguen a servicios que incumplen las políticas de la empresa. Todo ello sin entorpecer el trabajo diario. Algunas soluciones ya permiten aplicar controles en tiempo real, como bloquear la subida de archivos confidenciales o alertar cuando se detecta un comportamiento sospechoso, pero sin requerir cambios en los flujos de trabajo o en la infraestructura existente.

Qué significa para tu negocio

Si tu pyme ya utiliza —o está pensando en adoptar— herramientas de inteligencia artificial, este tema no es algo que puedas ignorar. Imagina que un empleado sube un presupuesto confidencial a una IA para que lo analice, o que copia datos de clientes en un chat para generar un informe. Sin las medidas adecuadas, esa información podría quedar expuesta, almacenada en servidores externos o incluso ser utilizada para entrenar modelos de terceros. El riesgo no es solo la pérdida de datos, sino también el incumplimiento de normativas como el RGPD, que exige proteger la información sensible de clientes y empleados.

La solución no pasa por prohibir el uso de la IA —sería como intentar poner puertas al campo—, sino por establecer políticas claras y herramientas que permitan usarla de forma segura. Empieza por identificar qué herramientas de IA se están utilizando en tu empresa, aunque sea de forma informal. Luego, define qué datos pueden compartirse y cuáles no, y busca soluciones que te den visibilidad sobre lo que ocurre en cada interacción. La IA de LaiaDesk, por ejemplo, está diseñada para integrarse en entornos profesionales con controles adaptados a las necesidades de las pymes, permitiendo aprovechar sus ventajas sin comprometer la seguridad. El objetivo no es frenar la innovación, sino asegurarte de que cada avance tecnológico vaya de la mano con la protección de tu negocio.

Fuente original: ENTER.CO

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