Romper arte antiguo para crear nuevo es útil. Hasta que han encontrado una esfinge romana incrustada en una escalera de Alicante
La arqueología a veces da giros inesperados, y el último hallazgo en Alicante lo demuestra. Lo que durante años se creyó un simple peldaño de una escalera en el yacimiento de El Monastil, en Elda, resultó ser un fragmento de una esfinge romana del siglo I d.C. El descubrimiento no solo resuelve un enigma de dos décadas, sino que ilustra cómo el reciclaje de materiales en la antigüedad —conocido como *spolia*— podía esconder tesoros bajo capas de pragmatismo.
La historia comenzó en el año 2000, cuando las excavaciones de una muralla tardorromana sacaron a la luz una escalera de tres peldaños. Al principio, nada parecía fuera de lo común. Pero un año después, unas lluvias torrenciales desprendieron parte de los sillares, revelando que uno de ellos no era piedra común: mostraba marcas de haber sido tallado con anterioridad. Tras dos décadas de dudas —¿era una figura íbera, una diosa desconocida?—, una limpieza exhaustiva en el Museo Arqueológico de Elda y el análisis del catedrático Ferrán Arasa confirmaron su verdadera identidad: una esfinge funeraria, mutilada y reconvertida en escalón durante la ocupación visigoda o bizantina (siglos V-VI).
Un símbolo de poder con función protectora
Esta esfinge no era un simple adorno. De origen egipcio pero adaptada al gusto romano, su presencia en tumbas cumplía una doble misión: como *psicopompo* —guía de almas hacia el más allá— y como elemento apotropaico, es decir, para ahuyentar a saqueadores con su mirada fiera y su forma híbrida (cuerpo de león, torso de mujer). Su dueño original pertenecía a la élite rural de *Ilici Augusta* (actual Elche), terratenientes que, en pleno esplendor del Imperio bajo Augusto, competían por demostrar su estatus con mausoleos monumentales junto a la Vía Augusta. La esfinge, por tanto, era un símbolo de prestigio, pero también una garantía de seguridad eterna.
El caso de Elda no es único. El *spolia* —reutilizar materiales de construcciones anteriores— fue una práctica extendida en la antigüedad, desde los visigodos hasta los omeyas. La mezquita de Córdoba, por ejemplo, se levantó con columnas romanas y visigodas; en Toledo, la iglesia del Cristo de la Luz ocupa el lugar de una mezquita; y en Mérida, la basílica de Santa Eulalia se construyó sobre un templo dedicado a Marte. Lo que hace especial a El Monastil es su condición de "matrioska" arqueológica: un yacimiento donde conviven estratos de la Edad del Bronce, presencia púnica, una base militar romana y vestigios visigodos. Cada capa esconde piezas que, como la esfinge, esperan ser redescubiertas.
Qué significa para tu negocio
Este hallazgo es un recordatorio de que, a veces, lo que damos por sentado —un material, un proceso, incluso una herramienta— puede esconder un valor oculto. En el día a día de una pyme, esto se traduce en revisar con ojo crítico lo que ya tenemos: ¿estamos aprovechando al máximo nuestros recursos? ¿Podría un software de gestión, como LaiaDesk, optimizar procesos que hoy hacemos "por inercia"? La historia de la esfinge también enseña que la innovación no siempre requiere partir de cero: a veces, basta con mirar lo existente con una nueva perspectiva. En sectores como la construcción o las reformas, donde el reciclaje de materiales gana peso, este enfoque puede marcar la diferencia entre un proyecto estándar y uno sostenible y rentable.
Fuente original: Xataka
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