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Un chispazo eléctrico borró este pueblo del mapa: así han evitado que vuelva a ocurrir

En febrero de 2009, el pueblo australiano de Marysville quedó reducido a cenizas. Un incendio forestal, avivado por condiciones extremas —sequía, vientos huracanados y vegetación reseca—, arrasó el 90% de sus edificios y se cobró 39 vidas. El origen del fuego fue un fallo eléctrico: un cable caído generó chispas que prendieron la maleza seca como yesca. Este tipo de incidentes no son exclusivos de Australia. En España, los incendios provocados por líneas eléctricas representan al menos el 1,4% del total, según datos de hace una década. El problema es que, al ocurrir en zonas rurales remotas, suelen detectarse tarde y escalan con rapidez, como sucedió en Los Gallardos (Almería) este verano, donde 13 personas perdieron la vida y 7.000 hectáreas quedaron calcinadas.

Tecnología para apagar el fuego antes de que empiece

Tras la tragedia, el gobierno de Victoria (Australia) decidió actuar. En 2011 puso en marcha un programa pionero: el *Powerline Bushfire Safety Program*, que combinaba modernización de infraestructuras y tecnología avanzada. La medida estrella fueron los *Rapid Earth Fault Current Limiters* (REFCL), dispositivos que actúan como interruptores inteligentes. Si un cable cae o entra en contacto con vegetación, el sistema detecta el fallo en milisegundos y reduce la tensión eléctrica a niveles seguros, evitando chispas. A diferencia de los diferenciales domésticos, los REFCL no cortan el suministro: ajustan el voltaje para mantener la electricidad en las zonas no afectadas.

Los resultados son contundentes. En Victoria, donde se han instalado 45 de estos dispositivos en 31.000 kilómetros de líneas de alta tensión, se han evitado 33 incendios potencialmente catastróficos en un solo año. Desde que el programa está operativo, no se ha registrado ningún gran fuego originado por la red eléctrica. La tecnología, reconocida internacionalmente, ya se prueba en regiones de California con riesgos similares. Además, el plan incluyó otras medidas: soterrar 734 kilómetros de cables y reemplazar líneas antiguas de aluminio por otras con aislamiento reforzado en zonas donde enterrarlas no era viable.

El caso de Marysville es un recordatorio de cómo la combinación de factores climáticos y fallos técnicos puede desencadenar desastres. Pero también demuestra que la prevención es posible. Australia no solo invirtió en tecnología, sino que legisló su uso obligatorio en áreas de alto riesgo. En España, donde los incendios forestales son recurrentes, este tipo de soluciones podrían marcar la diferencia, especialmente en zonas con tendidos eléctricos envejecidos y entornos secos.

Qué significa para tu negocio

Si gestionas una pyme en sectores como construcción, reformas o servicios técnicos, esta noticia es relevante por dos razones. Primero, porque los incendios forestales pueden afectar a tus proyectos o clientes, especialmente si trabajas en zonas rurales o con infraestructuras cercanas a bosques. Segundo, porque la tecnología aplicada en Australia —como los REFCL— es un ejemplo de cómo la innovación puede prevenir riesgos. Si tu empresa opera en entornos con riesgo eléctrico (por ejemplo, instalaciones temporales en obras o equipos en exteriores), revisar protocolos de seguridad y explorar soluciones como sistemas de detección temprana podría ahorrarte costes y problemas. Además, si colaboras con administraciones o grandes empresas, estar al día de estas tecnologías te posiciona como un aliado informado y proactivo en materia de prevención.

Fuente original: El Confidencial Tecnología

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